Hoy se conmemora un acontecimiento trascendental: el 65º aniversario del establecimiento de la democracia tibetana. Es también un día para recordar con profunda reverencia la inmensa bondad de Su Santidad el Dalai Lama, líder supremo del Tíbet, por habernos otorgado el preciado don de un sistema verdaderamente democrático para beneficio del Tíbet y del pueblo tibetano.
En esta ocasión, al estar en la celebración del 90º cumpleaños de Su Santidad el Dalai Lama, apóstol del amor y el afecto, y protector de todos los seres sintientes de este mundo en general y de la Tierra Nevada del Tíbet en particular, deseamos expresarle nuestra más profunda gratitud con reverencia en cuerpo, palabra y mente en nombre de todos los tibetanos, tanto de los que permanecen en el Tíbet como de los que viven en el exilio.
Una sociedad democrática se reconoce como aquella en la que todos reciben el mismo trato, sin discriminación por motivos de poder o estatus, riqueza o pobreza, género, raza, etnia ni ningún otro factor. A lo largo de la historia, en muchos países del mundo, la gente común ha hecho grandes sacrificios en la lucha por establecer la democracia. Sin embargo, el invaluable sistema democrático del pueblo tibetano, notable en su forma, fue un generoso regalo de Su Santidad el Dalai Lama. Refleja la grandeza de su noble visión y profunda compasión.
En este sentido, cabe recordar que, en 1949, el ejército del gobierno comunista chino inició su invasión armada del Tíbet, lo que desencadenó una situación política crítica y urgente en el país. En aquel entonces, Su Santidad el Dalai Lama tenía tan solo 16 años. Sin embargo, se vio obligado a asumir las responsabilidades de líder temporal y espiritual del Tíbet. Este acontecimiento histórico tuvo lugar el 17 de noviembre de 1950.
Al mismo tiempo, Su Santidad puso en marcha medidas de reforma para modernizar el sistema imperante en el Tíbet, para lo cual creó una Oficina de Reforma en 1954. Posteriormente, en 1956, Su Santidad estableció, por primera vez, un Departamento de Investigación de Quejas Públicas donde los tibetanos comunes podían presentar denuncias para solicitar el procesamiento de irregularidades oficiales, con el fin de garantizar el progreso y el bienestar de la sociedad tibetana. Trágicamente, este período también fue testigo de una creciente represión por parte de las fuerzas militares de ocupación chinas, cuyas acciones se volvían cada vez más brutales. Finalmente, el deterioro de la situación obligó a Su Santidad el Dalai Lama a abandonar el Tíbet la noche del 17 de marzo de 1959, acompañado de su séquito. Su propósito al buscar asilo político en la vecina tierra santa de la India era continuar trabajando por la restauración de las libertades políticas y religiosas del Tíbet.
Inmediatamente después de llegar al exilio en la India, Su Santidad el Dalai Lama asumió la gran responsabilidad de trabajar por un sistema de gobierno transformado para el futuro del Tíbet, uno que estuviera en armonía con los principios democráticos modernos. El 3 de febrero de 1960, representantes de las tres provincias y de las principales escuelas religiosas del Tíbet le ofrecieron un homenaje ceremonial de larga vida en la Tierra Santa de Bodhgaya. Junto con esto, prestaron un poderoso juramento de lealtad inquebrantable y solemne a su liderazgo.
En ese momento, Su Santidad dijo a los asistentes: “Es importante que, a diferencia del pasado, el gobierno del Tíbet sea un gobierno democrático, política y religiosamente informado. Esto significa que debemos tener un parlamento cuyos diputados representen a las amplias masas del pueblo tibetano, elegidos por mayoría de votos. Por el momento, este parlamento puede estar compuesto por un diputado de cada una de las cuatro principales escuelas religiosas y tres diputados de cada una de las tres provincias. Por lo tanto, una vez que regresen a sus respectivos puestos, deberán presentarme las listas de candidatos elegidos por el número de personas eruditas y capaces, patriotas y altruistas, y que merezcan la confianza de sus electores”. Siguiendo este consejo de Su Santidad el Dalai Lama, los miembros de la primera Comisión de Diputados del Pueblo Tibetano fueron nombrados, con sus cartas de nombramiento firmadas por él. Y prestaron juramento al cargo el 2 de setiembre de 1960, marcando el establecimiento histórico de la democracia tibetana.
Asimismo, con gran consideración por el bienestar inmediato y a largo plazo del pueblo tibetano, Su Santidad continuó emitiendo una serie de recomendaciones visionarias. Estas combinaron los elementos positivos de la cultura y la tradición tibetanas con los valores de la gobernanza democrática moderna. Su guía sentó las bases del Gobierno Tibetano en el Exilio, un sistema político cimentado en los principios de libertad, igualdad, justicia y paz, principios que han llegado a definir la excelencia de la democracia tibetana.
Más tarde, en 1961, Su Santidad anunció el borrador de una futura constitución democrática del Tíbet. A esto le siguió, en 1963, la promulgación de la Constitución del Tíbet. Posteriormente, en 1991, Su Santidad dio un paso significativo al transformar la Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano en un órgano legislativo con plenos poderes en el exilio. El 28 de junio de 1991, Su Santidad dio su aprobación a la Carta de los Tibetanos en el Exilio, adoptada por el 11º Parlamento Tibetano en el Exilio. Con esto, Su Santidad garantizó que el gobierno tibetano en el exilio funcionara bajo una ley fundamental y de acuerdo con los principios democráticos. Esta carta establecía que la Administración Central Tibetana operaría con base en las leyes, normas y reglamentos aprobados por el Parlamento Tibetano en el Exilio, instituyendo así un sistema democrático regido por el estado de derecho.
Tras estos acontecimientos, en 2001, el Kalon Tripa —jefe ejecutivo de la Administración Central Tibetana— comenzó a ser elegido directamente por el pueblo tibetano, según lo previsto y dirigido por Su Santidad el Dalai Lama. Este fue un hito democrático de gran importancia. Posteriormente, en 2011, Su Santidad tomó una decisión aún más histórica: renunció formalmente a la tradición de casi 400 años de autoridad temporal que ostentaba la institución Gaden Phodrang, transfiriendo así todo el poder político a líderes elegidos directamente por el pueblo tibetano.
Mediante estas medidas transformadoras, Su Santidad garantizó el establecimiento de una administración y un parlamento democráticos plenamente representativos del pueblo tibetano, tanto dentro del Tíbet como en el exilio; instituciones capaces de asumir todas las responsabilidades del gobierno.
Que nuestro sistema de gobierno funcione ahora plenamente dentro de un marco democrático, y que esta base democrática apoye y sustente nuestra lucha continua por la justa causa del Tíbet, es un verdadero motivo de orgullo y profunda trascendencia.
Su Santidad el Dalai Lama no solo ha bendecido al pueblo tibetano con un sistema democrático que continúa prosperando y floreciendo, sino que también ha asegurado que el patrimonio religioso, la cultura, el idioma, etc., que definen nuestra identidad nacional y étnica tibetana, sigan manteniéndose vibrantes.
A pesar de la presión constante y la continua difusión de propaganda falsa por parte del gobierno chino en el escenario internacional, numerosos gobiernos, parlamentos y organizaciones continúan brindando su apoyo y asistencia al Tíbet y al pueblo tibetano. Esta duradera solidaridad es testimonio de los nobles esfuerzos y la compasión de Su Santidad el Dalai Lama.
También para el futuro, gracias a Su Santidad el Dalai Lama y al sistema plenamente democrático de la Administración Central Tibetana, ubicada en Dharamsala, en la tierra santa de la India, se mantiene la esperanza de que el Tíbet y el pueblo tibetano sigan generando interés y apoyo, ya que la situación en el Tíbet sigue siendo motivo de gran preocupación mundial de forma continua, para que el pueblo tibetano, tanto en el Tíbet como en el exilio, pueda finalmente reunirse.
El gobierno comunista de China nunca ha abandonado la implementación de su despiadada política para erradicar la identidad religiosa, cultural, lingüística, etc., del pueblo tibetano. De hecho, continúa implementando políticas cada vez más brutales y atroces para estos fines. Por otro lado, durante las últimas décadas, Su Santidad el Dalai Lama ha seguido ofreciendo sugerencias para la resolución del conflicto chino-tibetano mediante negociaciones. Sin embargo, estas no solo resultaron desagradables para los líderes chinos, sino que el gobierno chino, bajo su régimen autoritario, no ha abandonado, ni siquiera hasta la fecha, su política altamente represiva de hostigar sistemáticamente y controlar estrictamente todos los aspectos del movimiento y el comportamiento del pueblo tibetano y otras minorías étnicas. No obstante, el pueblo tibetano en el Tíbet se ha mantenido firme en su identidad y lealtad étnicas. Esto ha fortalecido la valentía y la determinación del pueblo tibetano que vive en el exilio.
Las elecciones generales para el próximo Sikyong y el Parlamento Tibetano en el Exilio están programadas para 2026. Como preparación, la Comisión Electoral Tibetana anunciará oportunamente los calendarios de las elecciones preliminares y finales. Todos los tibetanos en el exilio que participen en estas elecciones deben prestar mucha atención y actuar con la debida cautela durante todo el proceso. Una preocupación fundamental es que el gobierno chino intenta con frecuencia generar inquietud y sembrar discordia en nuestra comunidad en el exilio.
Es esencial que los tibetanos se mantengan alerta y eviten convertirse en cómplices involuntarios de estos planes nefastos. Del mismo modo, debemos rechazar la retórica divisiva de unos pocos individuos irreflexivos que promueven el provincialismo y el sectarismo, fomentando la turbulencia comunitaria a través de internet y otras redes sociales.
En cambio, todos deben actuar con discreción, basándose en su propio criterio y garantizando el respeto de nuestros valores tradicionales tibetanos de moralidad y buena conducta. Por lo tanto, hacemos un llamamiento a todos los miembros de la comunidad para que actúen con responsabilidad y se adhieran estrictamente a nuestras normas electorales. Es nuestra responsabilidad colectiva comportarnos con integridad al ejercer nuestros derechos democráticos en estas próximas elecciones.
Con respecto a la labor del 17º Parlamento Tibetano en el Exilio, cabe destacar que todos los miembros actuaron con solidaridad, lo que permitió la oportuna enmienda de la Carta de los Tibetanos en el Exilio, así como de otras leyes pertinentes. Como resultado, se mantuvo el funcionamiento normal de la Administración Central Tibetana, incluyendo el restablecimiento completo de las operaciones de los tres pilares de la democracia tibetana y de los diversos organismos autónomos. Además, en muchos aspectos, las disposiciones legales y reglamentarias pudieron ser más lúcidas.
De igual manera, la 8ª y la 9ª Convención Mundial de Parlamentarios sobre el Tíbet se celebraron con éxito en Washington, D.C., en 2022, y más recientemente, en junio de este año, en Tokio, Japón. Además, los miembros del Parlamento Tibetano en el Exilio se dividieron en grupos de igual tamaño y fueron enviados a diversos países para promover la causa tibetana. Gracias a estas iniciativas y otros programas de divulgación, el Parlamento Tibetano en el Exilio logró generar una concientización y un apoyo significativos para el Tíbet a escala mundial. También se realizaron esfuerzos paralelos en India, centrándose en presionar a miembros del Parlamento nacional, asambleas legislativas estatales y otras figuras influyentes. Los resultados de estos esfuerzos han sido igualmente impactantes y encomiables.
Como parte del programa de este año para conmemorar el 90º cumpleaños de Su Santidad el Dalai Lama, y coincidiendo con la celebración hoy del Día de la Democracia Tibetana, el Parlamento Tibetano en el Exilio organiza una exposición fotográfica que muestra las principales contribuciones de Su Santidad al desarrollo de la democracia tibetana. La exposición, que se inaugura hoy en el patio de Thekchen Choeling Tsuglakhang, permanecerá abierta durante tres días. Invitamos cordialmente a todos a visitarla y reflexionar sobre este importante legado.
En esta ocasión especial, aprovechamos también la oportunidad para expresar nuestra sincera gratitud al gobierno y al pueblo de la India, nuestros amables anfitriones, y a todos los que apoyan la causa tibetana en todo el mundo, incluyendo a quienes se encuentran en Estados Unidos, Europa, Japón y otros lugares, por su continuo e inquebrantable apoyo a nuestra justa lucha.
En conclusión, oramos fervientemente para que Su Santidad el Dalai Lama, deidad protectora de todos los seres en los tres reinos, y especialmente de nosotros, los de la Tierra de las Nieves del Tíbet, viva cien eones, y que todos sus deseos se cumplan espontáneamente, sin obstáculos, y que la verdad de la causa del Tíbet prevalezca pronto.
Por el Parlamento Tibetano en el Exilio,
2 de setiembre de 2025
* En caso de cualquier discrepancia entre esta traducción y su original tibetano, este último deberá considerarse como autorizado y definitivo para todos los efectos.
