LA URNA DE ORO: Incluso China acepta que solo el Dalai Lama puede legitimar su gobierno en el Tíbet

 
The Economist
20 de marzo de 2015

Cuando el 13er Dalai Lama murió en 1933, el cuerpo del líder espiritual del Tíbet fue ubicado en un trono en el Norbulingka, su palacio de verano en la capital, Lhasa. Miraba hacia el sur. Dos veces, sin embargo, durante la noche, su cabeza giró hacia el este. También apuntando hacia el este, brotó un misterioso hongo con forma de estrella sobre una columna de la sala. En sus trances, los oráculos del Estado lanzaron las katas, bufandas ceremoniales, hacia el este. Tomando estas pistas, las comitivas que buscaban la reencarnación del Dalai Lama fallecido se dirigieron en tal dirección, buscando, de acuerdo con la tradición, a un niño nacido alrededor de la fecha de su muerte. Ellos finalmente identificaron al joven Tenzin Gyatso como el 14º Dalai Lama.

Esa encarnación cumplirá 80 años este año y, aunque con buena salud, él está dado a reflexionar sobre su propia muerte y reencarnación. Sería “lógico”, ha sugerido, que la reencarnación se encuentre como él, en el exilio del Tíbet, al que no ha podido visitar desde que escapó de la represión china durante un levantamiento de 1959. Quizá el 15º Dalai Lama pueda ser una mujer. O quizá la institución del Dalai Lama, obra del hombre, pueda llegar a su fin, si el pueblo tibetano siente que no la necesita.

S.S. el Dalai Lama / Archivo foto

S.S. el Dalai Lama / Archivo foto

La teología del budismo tibetano parece una especialidad inverosímil para el partido comunista chino. Pero la sugerencia del Dalai Lama de que él puede ser el último ha provocado furia en los voceros chinos y la prensa oficial. Padma Choling, el gobernador (tibetano étnico) de la “Especial Región Autónoma” de Tíbet, acusó al Dalai Lama de “profanar la religión y el budismo tibetano”. Un periódico del partido, el iracundo Global Times, lejos de encontrarlo presuntuoso por criticar al líder espiritual del budismo tibetano, quien es también su líder teológico, acusó a este de “decir sandeces”.

En parte este es un argumento sobre la historia y la “inalienable soberanía” de China sobre el Tíbet. Padma Choling argumenta que el 14º Dalai Lama fue capaz de asumir su rol, solo porque el “gobierno central” (China) lo aprobó. Esto es una tontería. La búsqueda que comenzó con las señales que apuntaban al este fue complicada. Involucró visiones apareciendo en un lago sagrado; el consejo del Panchen Lama, otro reverenciado monje, quien había identificado niños interesantes cerca del monasterio de Kumbum, en lo que es hoy la provincia china de Qinghai; a los niños se les pidió que reconocieran algunas de las pertenencias de la encarnación previa; la intervención auspiciosa del primer cuclillo de primavera; y una larga negociación para liberar al niño del control chino y llevarlo a Lhasa. Mientras iba en su camino, el gobierno tibetano y la asamblea nacional lo declararon 14º Dalai Lama. El gobierno de China de ese tiempo, el Kuomintang o Partido Nacionalista, envió un representante a la entronización. Tal como China ve esto, el reconocimiento de la encarnación requiere el sorteo tomando nombres colocados en una urna de oro, supervisado, tradicionalmente, por el enviado del emperador chino. En este caso, China reclama de modo inverosímil, que su hombre dé el permiso.

Así, el partido, sin vergüenza de asumir el rol que fuera del emperador, está intentando mediar en cada reencarnación, y no solo en la de los altos Lamas. Aquellos que han alcanzado la iluminación pueden optar por renacer para ayudar a aquellos menos bendecidos. En 2007 el gobierno chino trató de formalizar su control sobre el proceso. En la “Orden Número 5” de la Oficina de Asuntos Religiosos de la Administración del Estado, se indican “medidas de gestión para la reencarnación de los Budas vivientes en el budismo tibetano”. Para ser un Buda viviente en China en estos días, se necesita un “permiso de Buda viviente” del gobierno.

Después de todo, desde el punto de vista chino, la reencarnación ha ido muy mal en el pasado. Después de la muerte del X Panchen Lama en 1989, dos candidatos rivales fueron nombrados como la reencarnación. Un niño, reconocido por el Dalai Lama, fue llevado de su casa en 1995, a la edad de seis años, y no ha sido visto desde entonces; probablemente él está bajo la cerrada vigilancia de los oficiales chinos. Otro candidato, reconocido por China, no tiene credibilidad entre los tibetanos, aunque este mes él trató de conseguir apoyo hablando sobre la necesidad de más monjes. Igual de malo fue el destino del 17º Karmapa, otra figura de gran significación religiosa. En 1992, Ogyen Trinley Dorje fue reconocido tanto por el Dalai Lama como por China como el Karmapa. Ayudado por China para fortalecer su poder en Tíbet, el joven monje lo rechazó en la forma más dramática, escapando a India en 1999 cuando tenía 14 años.

Dada esta historia, se podría esperar que China emitiera un suspiro de alivio si el 14º Dalai Lama decidiera ser el último. Es una señal de la decadencia de sus políticas en el Tíbet, que por el contrario haya decidido que solo el Dalai Lama puede dar su legitimación entre los tibetanos comunes. Afortunadamente el número de tibetanos que se han prendido fuego para protestar contra el dominio chino y pedir por el retorno del Dalai Lama del exilio ha disminuido considerablemente. Pero este mes una mujer de 47 años se convirtió en la víctima número 137 desde 2009. Desde las protestas y disturbios de 2008, la represión ha sido dura, y siempre es más dura en marzo alrededor del aniversario del levantamiento aplastado de 1959.

Adelante, número 14

El gran misterio sobre la política china es porqué parece que su mejor esperanza estará con el siguiente Dalai Lama, y no con este. A diferencia de muchos tibetanos, él ha aceptado la soberanía china. Él ha usado su enorme prestigio para instar a los tibetanos a contenerse de una resistencia violenta. China enfrenta una amenaza mucho más seria principalmente de la etnia musulmana uigur, en la vecina región de Xinjiang. Para salvaguardar su seguridad interna, aplacar a sus disgustados ciudadanos tibetanos y mejorar su reputación internacional, el sentido común sugiere que China debería comenzar a hablar seriamente con el 14º Dalai Lama. Como sus portavoces plantean absurdamente como árbitros de la secreta reencarnación, solo ellos podrían dar cobertura a tal giro de 180º. Esa puede ser una interpretación optimista, pero otros son muy deprimentes como para contemplarla.-

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